MILÉNICO nace en las orillas del Duero, en el término de San Martín de Rubiales, entre Roa y Peñafiel, en el corazón de la Ribera del Duero, una región con más de mil años ininterrumpidos de tradición y cultura del vino. El clima es duro, con marcadas fluctuaciones diarias que fuerzan en la planta ciclos diarios de actividad, lo que confiere un carácter inconfundible y distintivo al vino. Milénico es fruto de nuestra dedicación y entusiasmo por crear vinos excepcionales. Nuestra relación constante con la tierra, con la viña, con el vino y nuestro deseo de lograr lo mejor es la energía que inspira nuestro día a día. Milénico es posible gracias a su privilegiada localización, origen de una fruta extraordinaria y a nuestra búsqueda por la perfección, que se traduce en un continuo y extremo cuidado y atención por el detalle a lo largo de toda la vida de Milénico.

Nuestro objetivo es crear un vino excepcional que sea reflejo auténtico de su privilegiado origen. En su origen son determinantes un entorno natural propicio para los grandes vinos y un cuidado y atención por el detalle que buscan la perfección en cada momento.

De esta combinación salen series muy limitadas de vinos únicos, auténticos e inconfundibles, fieles reflejos de sus orígenes.

Las viñas crecen en empinadas laderas de tierras calizas y arenosas, con piedra, en pendientes orientadas al sur, al lado del Duero, a mitad de camino entre el valle y los páramos, en un microclima especial que de forma natural protege las viñas de las heladas primaverales, y que unido al natural bajo rendimiento del terreno es génesis de vinos expresivos, potentes, longevos y distintivos.

La ventilación natural de la ladera, la fuerte insolación, el marcado contraste de temperatura entre “el fuego” del día y el frescor de la noche son condiciones ideales para una perfecta maduración de la uva Tinta Fino, variante de la Tempranillo aclimatada al rigor de nuestra tierra.

Nuestra filosofía de viticultura es simple, es tratar a la viña con el máximo respeto. No usamos herbicidas ni fertilizantes químicos y el laboreo es mínimo.

Creemos que el vino nace y se hace en la viña. La uva es lo fundamental. En bodega la filosofía es la no intervención, la fermentación se produce de forma natural con levaduras autóctonas y nos distingue nuestra extrema meticulosidad en los procesos de selección manual de uva en viña, en vendimia y en bodega.

Una vez en bodega, la uva es enfriada y con mucha paciencia, con extrema meticulosidad, y con el mayor respeto en todo el proceso, logramos que lo mejor de la uva se transmita al vino con la menor intervención, de la forma más natural posible.

Los vinos de Milénico nacen para destacar y mostrar lo mejor de la tierra que los vio crecer. Nuestros vinos son un reflejo honesto y realista de nuestro entorno y nuestra voluntad por lograr que el fruto de la viña se transforme en vino de la forma más natural posible.

Nuestra determinación por conseguir un vino singular e inconfundible nos fuerza a cuidar y atender la viña como una extensión nuestra, y después a elegir solo las mejores uvas para la creación de nuestros vinos.

Hemos crecido con la viña y con ella hemos aprendido qué labores nos permiten ser más respetuosos con la naturaleza y a la vez obtener lo mejor de ella.

Con ello conseguimos que el vino sea lo más natural posible y que destaque sus características propias, herederas del suelo, de su variedad y del clima que lo vio nacer.

Queremos que el vino transmita esa confianza que nace de un producto natural, donde la intervención humana se reduce a permitir que la planta de forma autónoma se desarrolle en condiciones óptimas, a seleccionar el mejor fruto y a lograr que la transformación de la uva en vino sea lo que siempre fue, un cambio de estado donde la naturaleza convierte un producto natural, la uva en otro producto natural, el vino.

Nuestros vinos son parte de nuestra identidad, un reflejo de nuestro entorno y de nosotros mismos, algo que nace y crece con nosotros, un regalo para los sentidos del que nos sentimos orgullosos.

Nuestros vinos son series muy limitadas de vinos únicos y singulares que nacen hechos a mano en la viña, que se redondean en barrica y que se distinguen por su complejidad e intensidad aromática, su potencia, su gran equilibrio y, sobre todo, por su naturalidad.

 

Milénico

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